Con el cerebro completamente vaciado por el feminismo, muchas mujeres se han convencido de que su cuerpo es la expresión fundamental de su liberación, y que ponerlo a merced de la promiscuidad sexual es una señal suprema de emancipación. ¿De que se emancipan?, nadie lo sabe, pero se enganchan perdidamente a la atención constante, y a todos los estímulos de exaltación de su imagen que reciben desde todos los ámbitos.

Ellas quieren ser adoradas, recibir todos los honores, exigen que la sociedad se sacrifique por ellas, y en su frialdad, utilizan a los hombres y los manipulan sin sentir la más mínima vergüenza. Los hombres no son las únicas víctimas sacrificadas al culto de la mujer, sus propios hijos lo son también. Ellas quieren ser adoradas y se piensan que los niños limitan su vida, a veces, antes incluso de que hayan podido nacer.

El feminismo en lugar de promover la responsabilidad, pretende convencer al mundo de que tomar la vida de un ser que no se puede defender, es otro acto más de emancipación y de libertad. Esta mujer utiliza su cuerpo para seducir, manipular y así obtener lo que desee. Esta mujer es una devoradora de atención.

Pero ella no quiere realizar ningún esfuerzo para ser merecedora de semejante grado de atención, no lo necesita, con solo publicar una foto ya atrae la atención del mundo. Demasiados hombres van a ella como moscas a la miel, los servicios y la atención de un solo hombre no le bastan, además como no ocupa su vida en nada productivo, se aburre, y solo consigue entretenerse, observando su imagen en el espejo, y disfrutando con un cierto placer sádico al ver el tormento que padecen los hombres que la pretenden cuando juega con sus sentimientos.

Este es el síndrome que sufre la mujer moderna, que ha arrinconado la virtud y que no para de destruir familias, hombres, niños y a sí misma. Sacrificados todos en el altar del culto a su imagen, expone su cuerpo tanto como puede, no solo para atraer a los hombres, sino para provocar también los celos y la envidia de otras mujeres. Las que tienen cuerpos menos exuberantes no dudan en recurrir a rellenos y fajas o a la cirugía estética para beneficiarse, ellas también, de la atención que un cuerpo más sexualizado les garantiza. Sus formas sinuosas son puestas de relieve por vestidos deliberadamente llamativos y ajustados, buscando conquistar la atención del mayor número de admiradores.

Esta mujer no sale al mundo real hacer nada de provecho, aunque esto se puede confundir con la pereza, no hay que equivocarse, que no se ocupe de formarse, ni de trabajar, ni de labrarse un futuro, se debe a la naturaleza pasiva de toda mujer; y en las devoradoras de atención la pasividad está particularmente acentuada. Ningún óvulo ha tomado jamás la iniciativa de acercarse a los espermatozoides, el óvulo se contenta con esperar. Y esta es la pasividad que caracteriza a las mujeres, que no es negativa por sí misma, es simplemente natural, la naturaleza lo ha establecido así.

Tampoco hay que cometer el error de pensar que su pasividad implica que sean inofensivas, vulnerables, o inocentes. Hasta en la pasividad puede residir el poder, o mejor dicho, el poder también puede ejercerse de forma pasiva. Una mujer puede llegar a ser violenta en su pasividad. Si existiera un instrumento que midiera objetivamente la violencia indirecta que la mayor parte de los novios y esposos soportan habitualmente por parte de sus dulces esposas y novias, os aseguro que la mayor parte de la población carcelaria estaría compuesta de mujeres.

A la mujer devoradora de atención le encanta el postureo, vive para fingir, aparentar y posar; no sabe ocuparse de sí misma, y mucho menos de otros. No sabe cocinar, con un poco de suerte sabrá poner agua a hervir, no sabe arreglar ni reparar nada, remangarse y trabajar duro le produce urticaria, no tiene conversación ni originalidad, solo sabe imitar a sus modelos de instagram. Lo único que se le da relativamente bien, es mantener la ilusión en sus admiradores de que es una bella persona, la ilusión de que el amor y la admiración que provoca, refuerza su valor y su autoestima, y justificaría absolutamente el amor que siente por sí misma. Piensa, que su imagen perfecta en el espejo de las redes sociales, es un reflejo de su alma, está encantada de haberse conocido.

Este culto a la atención se ha convertido en una nueva religión, las mujeres son presentadas con una especie de aura angelical, como seres superiores, cuya belleza nos deslumbra iluminándonos con su luz. Nos acostumbran a atribuir a las mujeres características que no tienen, y nos las describen como poseedoras de un cúmulo de virtudes sin fin.

Todo en la sociedad actual se prepara para que el hombre joven, el adolescente, aprenda a no juzgar a la mujer salvo por los términos de su imagen y su potencial sexual. Todo se prepara para que la mujer joven, la adolescente, aprenda a no presentar al mundo sino su cuerpo y nada más. Para las mujeres los centros de estudio y de trabajo, las calles, se han convertido en meras pasarelas en las que mostrar al mundo su potencial poder de seducción, y los hombres se encuentran con una sobre estimulación constante y exagerada de su sexualidad. Todo parece tener una connotación sexual. Para ayudar a esta sobre excitación, se tolera también, el acceso ilimitado y gratuito al porno a través de internet. Cualquier joven de 16 años, en una sola tarde, puede llegar a ver más cuerpos desnudos que la inmensa mayoría de la gente del siglo 19 en toda su vida.

Suele ser corriente que los hombres se quejen de como ciertas mujeres de su entorno no hacen más que reclamar atención, mujeres a las que perciben como caprichosas, vanidosas y narcisistas, y a menudo también como bastante inseguras, interiormente vacías, y que se alimentan de la opinión de los demás sobre sí mismas. Evidentemente los hombres también aprecian captar la atención de los demás, pero existe una diferencia fundamental entre los dos sexos. Las mujeres buscan y reclaman atención por razones diferentes a las de los hombres. No todas las mujeres son adictas a la atención de la misma forma, pero todas, en mayor o menor medida la buscan.

Estas diferencias innatas entre hombres y mujeres se pueden observar muy temprano, en la infancia. Allí donde los niños buscan una atención recompensa, como premio por el resultado de sus hazañas infantiles, por sus acciones y actos concretos, las niñas buscan una atención seguridad. Necesitan primero de un cierto grado de atención previa antes de ser capaces de destacar.

No solo es perfectamente normal que todos los niños busquen atención, para ellos es vital. El niño es incapaz de satisfacer por sí mismo todas sus necesidades. El niño al que nadie presta atención es un niño en peligro. Desde este punto de vista, las niñas reclaman y consiguen una mayor atención que los niños, y es comprensible, de adultas, ellas dispondrán de capacidades físicas inferiores a las de sus hermanos, y debido al embarazo, conocerán periodos de gran vulnerabilidad. Por lo tanto es vital para ellas aprender cuanto antes a atraer la atención sobre ellas como medio para beneficiarse de la solidaridad del grupo. Los niños en cambio, por su mayor capacidad física, son menos dependientes y no reclaman tanta atención. Los chicos además, aunque suelen tener un círculo de mejores amigos, también frecuentan a otros chicos de su entorno en función de sus actividades, sus gustos y sus aficiones, sus relaciones de amistad son permeables e inclusivas, el amigo de un amigo se convierte rápidamente en amigo. Para las chicas las cosas son un poco diferentes. A menudo forman pequeños círculos cerrados de amistades, estancos, exclusivos, en los que es muy difícil entrar, y si se sale, no se vuelve.

Estos círculos de amigas permiten a las niñas obtener su dosis de atención diaria. Su mayor temor es verse excluidas del grupo y perder su atención. De aquí que la principal forma de violencia entre las niñas consiste en minar la reputación y buscar la expulsión del grupo de las que les caen mal.

En este punto vemos que también hay diferencias en como los niños y las niñas afrontan los conflictos. Donde los niños en sus discusiones con otros niños, recurren a métodos de agresividad directa, insultos, empujones, broncas, peleas, las niñas recurren a métodos de agresividad indirecta, chismes, rumores, cotilleos, manipulación. Los chicos compiten entre ellos muy frecuentemente en los terrenos físico y material, quieren ser mejores que los demás, obtener mejores resultados, tener un juguete más grande y así todo. Su competición ocurre en el campo de lo medibles, y cuando se enfrentan, sus enfrentamientos son también evidentes y perceptibles.

Aunque las niñas son absolutamente capaces de recurrir a los golpes, de la misma forma que también los niños tienen recursos de manipulación, es bastante más frecuente que ellas compitan o se enfrenten de manera menos medible y más sutil, dos niñas pueden pasarse un curso entero odiándose, sin llegar nunca a la más mínima violencia física directa, por el contrario, dedicarán mucho tiempo a hablar mal la una de la otra en su ausencia o a sus espaldas.

En su sentimiento de vulnerabilidad, cuando caen en desgracia entre sus amigas, muchas prefieren permanecer en el grupo que les ha asignado el papel de víctima o de paria, antes que verse expulsadas de él y perder la dosis de atención mínima necesaria para sentirse arropadas y protegidas por el grupo.

Pocos hombres conoceréis que estando a disgusto en un grupo permanezcan en él mucho tiempo, cosa que sí hacen las mujeres. Para las mujeres el círculo social, no es solo un entorno que de seguridad, fortalecimiento afectivo, defensa contra las angustias cotidianas, sino también, un lugar de enfrentamiento; porque dentro de él ellas compiten entre sí. Esta competición podrá ser declarada o no, evidente o no, pero existe. Cada una representa un estatus muy determinado dentro de la jerarquía del grupo que es difícil de cambiar. Si una amiga compite contra otra, la que sea capaz de atraer mayor atención y simpatía de las demás, será la que se imponga.

Las cosas cambian a partir de la pubertad, a esta edad, la atención de los miembros del sexo opuesto comienza a ser tenida en cuenta, aún siendo cierto que muchas jóvenes continúan atribuyendo un valor elevado a la relación con sus amigas, la nueva capacidad de atraer la atención de los hombres, altera la situación jerárquica de la niñez. La más bonita no es necesariamente la que más atención masculina obtenga; muy a menudo es la que mejor sepa, cómo obtener los favores de los hombres, la que sale más favorecida.

Esta capacidad de atracción del sexo opuesto debe ser en cualquier caso moderada, porque la que consigue demasiada atención por parte de los chicos, se encontrará con los celos de sus amigas, y estas acabarán por excluirla y expulsarla de su círculo. Hacerle el vacío, descalificarla, retirarle la atención o impedirle recibirla, pueden ser para una chica, formas de violencia más dolorosas que recibir una bofetada; si añadimos a esto la mayor capacidad de las mujeres para la comunicación indirecta y la insinuación, podremos darnos cuenta de toda la violencia que puede existir dentro de los círculos de amigas, que vistos desde fuera, podría decirse que comparten una amistad auténtica y sincera.

Cuando una mujer ataca la respetabilidad y la reputación de otra, principalmente a través de rumores, chismes y cotilleos, está atacando la capacidad de la otra a beneficiarse de la atención de las demás, para que se sienta abandonada y por tanto, angustiada por la soledad y el distanciamiento.

El paso a la edad adulta, es el momento en el que los grupos de amigas se van debilitando y surgen más conflictos internos, porque el grupo ya no es tan necesario. Con el tiempo se aprende a conseguir la atención de forma más directa y sencilla, sin necesitar dedicar tanto tiempo y esfuerzo a la atención de los demás. Una apariencia cuidada y un vestido adecuado, bastan para atraer la atención del sexo opuesto, y por tanto, para sentirse satisfecha con la dosis de atención que recibe.

Esta necesidad vital de atención, es de lejos, el origen de la incomprensión entre los dos sexos, y en porque los hombres y las mujeres, no tienen la misma concepción de las relaciones de pareja en cuanto a la atención del otro ni a la fidelidad. La falta de atención regular de su compañero, priva a la mujer de la dosis diaria que necesita, y terminará buscándola en otro sitio. Ella piensa: – ¡Eh!, que estoy aquí, adúlame, regálame tu atención.  Él piensa: -Si hoy no has hecho nada especial, por qué tendría que darte una atención especial.

Para la mayoría de hombres, acostumbrados a un modo directo de comunicarse, ver un vestido sugerente, una bonita sonrisa o un escote de vértigo, se convierten en señales que interpretarán como una invitación. Pero se equivocan, porque se trata de un medio para conseguir atención, no se trata necesariamente de llevarse a alguien a la cama. Esta forma sugerente de vestirse y comportarse, podría considerarse como una forma menor de prostitución, la mujer ofrece un poco de lo que los demás hombres desean, un leve acceso visual a su belleza, y a cambio, ella recibe la atención que desea.

Según van pasando los años, como su valor sexual decrece, se ve en la obligación de intensificar el esfuerzo de obtener atención, pero no volverá ya a conseguirla como antes. A causa de semejante pérdida de atención, y una vez atravesado el muro, muchas mujeres claman contra la injusticia de su nueva condición de ignoradas, y como la religión ya no está de moda, abraza en el feminismo con fervor. Antes que comprender y aceptar el mundo tal cual es, y comprender que sus mejores años han pasado, que deben aceptar su madurez, y afrontar sus vacíos y sus ansiedades sin el chute de atención diaria que recibían antes, las nuevas mujeres independientes y empoderadas pretenden que la solución consiste en cambiar a los hombres, a esos cerdos que ya no les hacen caso, y que no les dan la droga que necesitan.

Muchas, se hacen feministas pretendiendo cambiar el mundo, en lugar de hacer el esfuerzo de evolucionar ellas mismas. Sus reivindicaciones les sirven para reconstruir los círculos de amigas de su infancia, cuando ya nadie las hace caso. Estas mujeres estrelladas, se reconocen entre sí, y se refuerzan las unas a las otras dentro de su secta de odio, para procurarse la atención perdida. En un principio sus reivindicaciones solo buscaban llamar la atención, pero lo que no esperaban, es que el sistema les fuera a apoyar en su sinrazón. No saben qué hacer con los logros que consiguen, ni para qué sirven sus reivindicaciones. Pero han descubierto, que cuantas más tonterías hagan, y más se pongan en evidencia, más atención obtienen de los medios y del estado. Donde se ha visto que un gobierno, y la élite económica de un país, animen a que un grupo humano se revele y vayan a la huelga en su lucha contra ese mismo gobierno y esas mismas élites económicas. ¿Extraño verdad?. Algo tan simple es la demostración de que el feminismo es un instrumento del poder,  ¿pero con qué propósito?