Mostrarte demasiado agradable con una mujer puede hacer que su opinión sobre ti cambie radicalmente, y no de la manera positiva que esperas.
Querer agradar a los demás para conseguir su aprobación, es una característica del ser humano, todo el que cuenta con la aprobación del grupo, cuenta con su colaboración en caso de problemas o dificultades. Ayuda y te ayudarán.
Pero curiosamente, en el apareamiento con una mujer, ser demasiado agradable es contraproducente, porque se pierde su respeto.
El hombre respeta a la mujer amable, agradable y de trato fácil, pero la mujer parece preferir al hombre rudo, difícil de domesticar, que no tiene reparos a la hora de mostrarse poco agradable, que no evita la confrontación.
El hombre demasiado agradable es esclavo de la imagen que su entorno tenga de él, es amable para obtener su aprobación. En cambio, al hombre no agradable, no le condiciona la opinión de los demás, se prioriza a sí mismo y no transige con lo que no está de acuerdo.
El hombre menos dispuesto a transigir es el más dispuesto a que surja un conflicto por defender su postura, no se autocensura si disiente de la opinión general.
Dentro de un grupo de personas suele ser muy habitual que la persona menos dispuesta a agradar se convierta en líder del grupo.
Los conflictos dentro de un grupo humano solo surgen cuando coinciden dos o más personas que no transigen con el sentir general. El exceso de gallos alborota cualquier corral.
En el terreno amoroso, ser demasiado agradable le lleva a uno a aceptar y transigir con centenares de pequeños detalles con los que no está de acuerdo, detalles que tomados de uno en uno no parecen tener importancia, pero que todos juntos terminan creando la tormenta perfecta, e inevitablemente surge el conflicto que estabas evitando.
Cuando ella te eligió es porque en algún momento te vio como su mejor opción y te respetaba en mayor o menor medida, pero con cada concesión que le hacías, sin darte cuenta, iba cayendo el respeto que tenía hasta desaparecer. Pensabas que siendo amable estabas ganando puntos y los perdías a manos llenas.
Nos educaron en la enseñanza de facilitar a las mujeres la posibilidad de ser tratadas como reinas, a ser respetadas y protegidas porque son valiosas, pero luego no se nos explica por qué son valiosas, ni por qué merecen un trato preferente. -Son valiosas, no hagas preguntas, acéptalo.
Un pensamiento racional y lógico de los hombres que conviven con una mujer, es la idea de que pedir la opinión de su pareja a la hora de hacer algo es bueno para la relación, y es normal pensar así, ¿porque como no vas a tener en cuanta a tu compañera a la hora de tomar una decisión?, como si se trata de elegir qué película ir a ver al cine, su opinión es importante para ti, y quieres además que tu pareja sienta que cuentas con ella.
Pero el proceso mental de la mujer no es como el tuyo, pedir la opinión de tu compañera es una mala idea, porque ella creerá que dudas, y esa supuesta duda, la interpretará como una señal de tu falta de seguridad en ti mismo y por tanto, una señal de debilidad.
Recordad su naturaleza hipérgama, ella busca al hombre dominante, y si le consultas, ya no lo eres.
Quieres ser su igual, pero como la mujer está llena de inseguridades, interpretará que su igual es tan inseguro como ella.
No importa que no lo seas, ya has dejado de ser superior a ella. Se siente decepcionada y ya ni siquiera seréis iguales, si no que te conviertes en inferior y su respeto empieza a desmoronarse.
En el preciso instante en que le preguntáis a una mujer, ¿qué quieres hacer? o ¿qué te parece si?, perdéis la iniciativa y ella siente que no dirigís la relación, que no sois ningún líder. Ella quiere que le digáis algo concreto y exacto para poder llevaros la contraria y poneros a prueba una y otra vez, para saber así hasta donde llegas en tu liderazgo. Necesita saber que nunca dejas de ser dominante para poderte respetar.
Los hombres pensamos que contar con ellas es una forma de mostrarles nuestro amor, creemos estar haciendo lo correcto siendo amables, pero ellas no lo ven así. Lo que ven es que ese hombre no sabe lo que quiere, no sabe a donde ir, no sabe qué hacer. Y con impaciencia, desdén y decepción, se dirán: -Este hombre no sirve para nada, lo tengo que hacer todo yo. Es una manera de pensar un tanto estúpida, pero así es como ellas lo ven.
Cuanto más pidáis su opinión más os perderán el respeto y más se impacientarán y se enfadarán, porque les molesta tener que ser ellas las que toman decisiones.
Por supuesto, cuando decidáis lo que sea, ellas os dirán que no, que otra cosa, porque a ver si te vas a creer que voy a aceptar lo que dices porque tú lo digas. Ni se os ocurra cambiar de opinión, porque esa negativa, es otra de las pruebas que nunca dejarán de haceros para saber si seguís siendo hombres. Es el cuento que nunca se acaba.
A la mujer le molesta tomar decisiones, debéis comprender que en muchos casos, con 14 años, esa mujer descubrió que conseguía más beneficios utilizando su físico que su cerebro, y decidió no evolucionar a la vida adulta. Es la típica mujer que se pasa horas en el baño, mirándose al espejo, poniéndose pintura en la cara, cambiándose de peinado, eligiendo perfume, probándose ropa. En lo que está pensando es en qué se va a poner para salir, en si el bolso hace juego con los zapatos, y se cambiará varias veces de blusa porque no va con la pulsera nueva que le regalaste. En plena orgía de ego, llegas tu y le preguntas que a donde le apetece ir. Es entonces cuando ves como ella se queda callada durante dos segundos, con la boca abierta del asombro, notas como toma aire profundamente y te empieza a echar la bronca. Es que la has interrumpido en plena fiesta. Ella quiere que vengas con el plan ya preparado, !ay de ti como no aciertes!, pero el plan lo decides tú.
La mujer que no quiere ser adulta funciona como un niño, no quiere tomar decisiones, para eso es que te permite estar con ella, para que le facilites la vida y la diversión, ¿para qué si no?
Otra forma de perder el respeto de las mujeres, es siendo demasiado protector con ellas, también aquí habría que hacer justo lo contrario de lo que se nos inculca.
Muchos hombres cuando rebajan la importancia de una situación diciendo: -No te preocupes, no pasa nada, no hay de qué preocuparse. Se creen que ellas pensarán: -Oh, que hombre!. Pero no, cuando restáis importancia a un problema, ellas realmente se creen que no pasa nada, que no es para tanto, y entonces lo que sea que hagáis para solucionarlo habrá perdido todo su valor. Se creerán que todo es fácil y que no os necesitan. Y no se respeta a quién no se necesita.
No seáis modestos y no quitéis importancia a los problemas ni a vuestros conocimientos. Si conocéis la solución o la respuesta, no dudéis en ponerla en valor. Si quitáis hierro a la situación, ella se pensará que la solución es fácil, que lo que hagas lo puede hacer cualquiera, incluso ella.
No se trata de exagerar el problema, sino de no minimizarlo. Debes dejar claro que gracias a que tú estás ahí habrá una solución. Pero que esa solución no está al alcance de cualquiera.
Minimizar el problema juega en tu contra. La mujer no tiene en cuenta lo que hacéis por ella, si no el cómo le decís lo que hacéis. Si os dais valor os respeta. Si sois modestos os bajan de categoría.
Hay que decirle la suerte que tiene de que tú estés ahí en ese momento, pero sin exagerar ni dramatizar, porque el drama es su juego, no el tuyo.
No dramaticéis ni os quejéis delante de una mujer. Tampoco habléis de vuestros problemas, porque ella interpretará que no sois capaces de gestionar vuestra vida. Que tenga que ver una cosa con la otra no importa, habéis descendido otro peldaño en la escala del respeto.
Quejándoos o hablando de vuestros problemas os estáis poniendo a su nivel. Porque eso es lo que ellas hacen, pero tú no puedes hacerlo porque te feminizas a sus ojos.
También buscarán conocer vuestras debilidades, para cuando llegue el momento, poder utilizarlas en su beneficio o incluso en vuestra contra.
Una mujer respeta a un hombre cuando ella le necesita más que él a ella.
Ella se podrá quejar y tú deberás escuchar con paciencia y compresión. Pero si tú te quejas, ella escuchará con impaciencia y con incomprensión.
Estáis frente a un ser superficial, al que no debéis rogar ni implorar nada, ni mostrarle tampoco vuestro lado emocional ni sentimental.
Otra cosa que hacen muchos hombres es dejarse ganar. Están jugando con ellas a lo que sea y se dejan ganar. si a fútbol, se dejarán quitar el balón, si al ajedrez, se dejarán comer las piezas, si en la consola, también se dejarán ganar. Todo por amabilidad, por sobre protección mal entendida.
Ella no pensará que os habéis dejado ganar, sino que se creerá superior a vosotros, porque aun sin tener ni idea del juego os está ganando. Os volvéis a minusvalorar y ella se cree mejor y más inteligente que vosotros.
Así, cuando estéis juntos con otras personas, os desautorizará y os interrumpirá cuando habléis, y desmerecerá públicamente lo que hagáis, porque le habéis enseñado que ellas son mejores que vosotros y ya no os respeta.
Sois demasiado agradables, minimizáis los problemas, os dejáis ganar, minusvaloráis vuestras capacidades. ¿Cómo es van a respetar si os colocáis por debajo de ellas?.
Con las mujeres no hagáis caso de lo que dicen, observar lo que hacen.
Las mujeres prefieren al hombre que domina la situación. Os van a detestar durante un rato, pero se quedarán con vosotros porque el subidón de adrenalina que experimentan cuando os imponéis y tomáis una decisión, les da más placer que disgustos.
Me explico, si tenéis diferencias con vuestra pareja porque tenéis que tomar una decisión que es buena para vosotros dos, y os parece que los inconvenientes que ella pone no son más que ganas de llevar la contraria. La sensación que le provocará ver como os imponéis a ella y decidís vosotros, la va a poner muy cachonda. Esto es difícil de comprender para el hombre común, que ha sido educado en la amabilidad y la caballerosidad hacia las mujeres.
Es curioso que hombres que en sus trabajos no dudan a la hora de tomar decisiones, que son objetivos y resolutivos, cuando están con sus novias y esposas se vuelven cautos, dubitativos y hasta sumisos. Parece que se anulan delante de una mujer, y son incapaces de tomar una decisión por sí mismos. Por lo que la mujer juega con ellos, les marea, y terminan por acompañarla de compras, por irse vacaciones a tostarse en la playa o por comprarse una casa que no les gusta. Todo con tal de agradarla a ella.
El hecho de comportaros como un hombre masculino y dominante, decidiendo lo que vosotros consideréis más adecuado, hará que ella reaccione mostrándose molesta y quejosa, pero no por eso os abandonará, no se irá porque ella ve que está con un hombre seguro de sí mismo, que no teme contradecirla.
Pero esto no quiere decir que siendo dominantes, vayáis a alcanzar la felicidad junto a una mujer, porque el hombre dominante se encuentra con los mismos dramas femeninos que todo el mundo.
El drama de la mujer con el hombre común, se basa en el desprecio que ella siente por él, por considerarlo inferior. En cambio el drama de la mujer con el hombre que se muestra dominante, es porque no lo puede controlar.
El drama no desaparece jamás porque la mujer ni aun estando a gusto se siente satisfecha, esa es su desgracia.
El hombre que se hace respetar además, suele darse cuanta de que realmente no merece la pena poner a la mujer en el centro de su vida, que las mujeres no merecen toda la atención que les regalamos. Y que por contradictorio que parezca, cuanto más alejas a las mujeres del centro de tus intereses, más atraídas se sienten por ti.
No hay nada tan poderoso como decirle a una mujer: -Hoy no estoy disponible para ti, tengo cosas que hacer. Protestará y se enfadará, pero unas horas más tarde, o el día siguiente os llamará para preguntaros que tal os fue con lo que sea que tuvierais que hacer. No se os ocurra disculparos ni excusaros, porque ella no os llama ni enfadada ni molesta, está encantada de ver en vosotros a un hombre firme y dominante, un hombre ocupado, que hace cosas, que tiene proyectos, que está pensando en sacar adelante su vida. Esto le impresiona más que los músculos y la labia de un ligón de discoteca. Porque lo que ella se dice es: -Quiero formar parte de la vida de este hombre, porque no es un perrito faldero que viene cuando le llamo, es un hombre interesante que tiene cosas más importantes que hacer que quedar conmigo.
Un hombre con el que dejarse llevar para no tener ella que responsabilizarse de su propia vida. Porque de eso ya se ocupa él. Y ella está encantada porque por fin tiene el tiempo para hacer lo que realmente le interesa en la vida, ocuparse de sí misma.
Ella quiere ser la acompañante en la vida de un hombre, beneficiarse de su esfuerzo, ser la reina consorte, sin tomar decisiones ni asumir responsabilidades. Y si no se lo permitís no podrá respetaros.
¿Entonces qué hago?, ¿cómo me comporto con las mujeres?.
El primer principio a adoptar es la anteposición de la justicia al amor. Cuando priorizáis el amor que sentís por ellas, estáis autorizando a vuestras emociones a ser controladas y manipuladas por una mujer. Cada vez que la mujer haga una tontería, no dudéis ni un segundo en expresar vuestra desaprobación o vuestra indignación. Y si es en público o ante testigos mejor, porque solo la vergüenza del qué dirán logrará contener y atenuar sus impulsos.
A veces las mujeres os provocarán deliberadamente, simplemente para evaluar por el modo en como reaccionéis, las posibilidades que tendrán de manipularos. Cuanto más intensamente reaccionéis, más sabrán ellas todo lo en sus manos que estáis y podrán comprobar también si sois lo que ellas entienden por hombres.
La provocación es un comportamiento instintivo, que tiene por objeto evaluar la capacidad del hombre para anteponer su propia dignidad al capricho de una mujer. Relegando a un segundo plano su deseo de complacerla.
El segundo principio es el control de uno mismo. Aprended a dominaros y a ser osados. Sé que puede ser difícil cuando se está enamorado y las emociones y la pasión sexual nos ciegan, pero nunca es tarde para aprender.
De hecho, durante la adolescencia deberían enseñarse estas cosas. Un padre concienciado, debería asegurarse de que su hijo conociera su propia naturaleza y la naturaleza de la mujer. Y aprendiera a controlarse lo antes posible, a ser calmado y sereno, incluso en mitad de una tempestad.
Teniendo en cuenta estos dos principios de amor por la justicia y autocontrol. Debéis convenceros de que como regla general, vuestro bienestar no puede venir de la validación de una mujer. La mujer no puede ocupar el centro ni de vuestra vida ni de vuestros intereses.
Cuando queráis complacer a una mujer, hacedlo, pero evitar convertiros en sus esclavos. Solo un hombre inmaduro pretende que su felicidad dependa de lo que opine una mujer.
Incluso las mujeres que al principio de una relación os colman de atenciones, dejarán de satisfaceros en cuanto les hayáis declarado vuestro amor, pues les mostráis que ya estáis completamente bajo su control, y ya no necesitan esforzarse en la relación.
A partir de ese momento, todo el sexo y toda la atención que os han dedicado, se desvanecerán como por encantamiento. Ya no pueden respetaros, y sin respeto no hay ni sexo ni cariño.
Esto es algo de lo que los hombres casados se dan cuanta en un plazo mayor o menor de tiempo pero ya sin remedio. Muchos de ellos se quedan, primero perplejos y luego llenos de rabia al observar el cambio tan radical que experimenta su pareja y que no consiguen comprender.
Sin embargo, si vuestra serenidad y vuestra seguridad consiguen que prioricéis vuestros intereses, os será más fácil alcanzar vuestro bienestar personal, aún a riesgo de perder a la mujer. Porque incluso sin ella, vuestra vida seguirá estando bajo vuestro control, llena de sentido, de objetivos y de motivación.
Vuestra amiga, novia o esposa, no debe ser nunca vuestra razón para vivir, porque cada vez que ella haga una tontería, la adoración que sentís por ella os impedirá llamarle la atención.
Lo que impide a muchos hombres reprender a las mujeres y llamarles la atención cuando se comportan indebidamente es el temor a que ellas se puedan vengar, o les abandonen, o les engañen con otro.
Que eso no os asuste ni os intimide. Si seguís el mandato de vuestras convicciones, ellas notarán que ni vuestra felicidad, ni vuestro bienestar depende de las mujeres. Y que vosotros podríais prescindir de ellas en cualquier momento.
No tengáis miedo de lo que vuestra pareja hará o no hará si le llamáis la atención. Tened miedo de lo que esa mujer terminará haciendo con vosotros si decidís deliberadamente ignorar y pasar por alto sus desplantes, su mala educación y su falta de respeto hacia quien sea, porque lo que haga a los demás os lo terminará haciendo también a vosotros.
Y precisamente, cuanto más les llaméis la atención, de manera calmada y tranquila pero severa y firme, más os respetarán y admirarán, porque las mujeres, como los niños, saben instintivamente que en ellas habita un espíritu errático, que busca ser refrenado y domesticado.
